lunes, 13 de enero de 2020

MANIFESTACIONES DE DIOS.

JESÚS NIÑO  
En el Segundo Testamento  (N.T), hay dos versiones del nacimiento de Jesús. Una, del evangelio de Lucas, culmina con la adoración de los pastores. Otra, del evangelio de Mateo, se concentra en la adoración de los tres reyes magos. La lección es: judíos y paganos, cada uno a su modo, encuentran a Jesús.
Eran astrólogos venidos probablemente de Babilonia. En aquel tiempo, astronomía y astrología caminaban juntas. Cierto día estos sabios descubrieron una extraña conjunción de Júpiter con Saturno, que los aproximaba de tal forma que parecían una única gran estrella, sobre la constelación de Piscis. Desde el tiempo de Kepler (+1630) los cálculos astronómicos han mostrado que, efectivamente, en el año 6 antes de Cristo (fecha del nacimiento de Cristo según el calendario corregido) tuvo lugar tal conjunción. Para los sabios de la época, este hecho tuvo una gran significación. Júpiter, en la lectura astronómica de aquel tiempo, era el símbolo del Señor del mundo. Saturno era la estrella del pueblo judío. Y la constelación de Piscis era el símbolo del final de los tiempos. Los sabios babilónicos lo interpretaron así: en el pueblo judío (Saturno) nacerá el Señor del mundo (Júpiter) inaugurando el final de los tiempos (Piscis). Por eso se pusieron en camino para rendirle homenaje. 
Siempre hubo en la historia de los pueblos personas simples o sabios que se pusieron en camino a la búsqueda de salvación, o sea, de una totalidad integradora. Dios salió a su encuentro en sus modos de ser y de pensar.
                                                                                                                                                                                                                                                     EL BAUTISMO DE JESÚS POR JUAN BAUTISTA, nos regala otra EPIFANÍA. 

Juan Bautista hacía un rito de purificaciòn bautizando con agua en el río Jordán, a la gente que acudía a él para convertirse de sus injusticias, violencias, pecados...Con este gesto de bautizarse, Jesús anticipa en su persona la purificación de los pecados de la humanidad. Es Juan  quien lo sindica como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. 
Cuando Jesús salió del agua, se abrieron los cielos y se le manifestó  el Espíritu y se oyó la voz del Padre: "Este es mi Hijo muy amado en quien me complazco". Es la Trinidad que se hace presente. Y es en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo que el resucitado enviará a sus discípulos a BAUTIZAR a las gentes. Este es el sacramento de los cristianos.


Extracto de Leonardo Boff

sábado, 11 de enero de 2020

EL VERBO SE HIZO CARNE Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS



RECADO DE NAVIDAD DE GABRIELA MISTRAL. (extracto)
24 DE DIC. DE 1948.

"Allegarnos al Dios Niño sería buscar los pesebres nuestros de Codillera y selva adentro, por los caminos rurales y las playas no sospechadas, por todas partes de donde se escape un llanto chiquitito que es el mismo de aquella Medianoche y se oiga además el rezo de la María indígena, o mulata.

Ella reza ahora mismo una oración heroica a lo divino, que está partida en el gajo de la Aleluya y el gajo de la pesadumbre, en el gozo de su alumbramiento y la humillación del ámbito desnudo. Y el lugar donde ocurre lo que digo, no es el arenal asiático ni el africano, que es la América nuestra de la abundancia botánica, del bosque maderero, del río amazónico y del sol más creador que conozcan los ojos humanos.


A lo largo del Pacífico, del Atlántico y del Caribe, yo me he visto entre dormir de ese modo al chiquitito indio, al mulato, al negro y al mestizo.

Y pese a la geografía, aquellos pesebres criollos se me juntaron todos en torno de la cuna judía y de aquella madre de los albergues negados".


CON GRAN CARIÑO, EN ESTA NAVIDAD SOLIDARIA, VA UN   ABRAZO
DEL EQUIPO DEL CENTRO DE ESPIRITUALIDAD DEL BUEN PASTOR.

SAN FELIPE CHILE 

Nació Jesús, gloria a Dios,
 y nacen muchos niños pobres que necesitan de ti.







jueves, 12 de diciembre de 2019

VEN ESPíRITU SANTO ,
 Y RENUEVA LA FAZ DE LA TIERRA



Contra el olvido del Espíritu Santo

2013-03-08


  En el artículo anterior nos esforzábamos por rescatar la dimensión del “espíritu” muy ahogado en la cultura materialista y consumista de la modernidad. Ahora queremos rescatar la figura del Espíritu Santo, siempre al margen u olvidada en la Iglesia latina. Como es una Iglesia de poder, convive mal con el carisma, propio del Espíritu Santo. Él es la fantasía de Dios y el motor del cambio, todo lo que la vieja institución jerárquica no desea. Pero Él está volviendo.
El Concilio Vaticano II afirma enfáticamente: «El Espíritu de Dios dirige el curso de la historia con admirable providencia, renueva la faz de la Tierra y está presente en la evolución» (Gaudium et Spes, 26/281). El Espíritu está siempre en acción. Pero aparece con mayor intensidad cuando se producen rupturas instauradoras de lo nuevo. Cuatro rupturas, cercanas a nosotros, merecen ser mencionadas: la realización del Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965), la Conferencia Episcopal de obispos latinoamericanos en Medellín (1969), el surgimiento de la Iglesia de la Liberación, y la Renovación Carismática Católica.
Por el Vaticano II (1962-1965), la Iglesia acompasó su paso con el del mundo moderno y sus libertades. Especialmente estableció un diálogo con la tecnociencia, con el mundo del trabajo, con la secularización, con el ecumenismo, con otras religiones y con los derechos humanos fundamentales. El Espíritu rejuveneció con aire nuevo el crepuscular edificio de la Iglesia.
En Medellín (1968) se puso a caminar con el submundo de la pobreza y de la miseria que caracterizaba y sigue caracterizando al continente latinoamericano. En la fuerza del Espíritu Santo, los pastores latinoamericanos hicieron una opción por los pobres y contra la pobreza y decidieron llevar a cabo una práctica pastoral que fuese de liberación integral: liberación no sólo de nuestros pecados personales y colectivos, sino liberación del pecado de opresión, del empobrecimiento de las masas, de la discriminación de los pueblos indígenas, del desprecio por los afrodescendientes y del pecado de la dominación patriarcal de los hombres sobre las mujeres desde el Neolítico.
De esta práctica nació la Iglesia de la liberación. Ella muestra su cara en la apropiación de la lectura de la Biblia por el pueblo, en la nueva forma de ser Iglesia de las comunidades eclesiales de base, en las diferentes pastorales sociales (de los indígenas, los afrodescendientes, de la tierra, la salud, los niños y otras) y en su reflexión correspondiente que es la Teología de la Liberación.
Esta Iglesia de la liberación creó cristianos comprometidos políticamente del lado de los oprimidos y en contra de las dictaduras militares, que sufrieron persecuciones, encarcelamientos, torturas y asesinatos. Es posiblemente una de las pocas Iglesias que puede contar con tantos mártires, como la hermana Dorothy Stang e incluso obispos como Angelleli en Argentina y Oscar Arnulfo Romero en El Salvador.
La cuarta irrupción fue el surgimiento de la Renovación Carismática Católica en Estados Unidos desde 1967 y en América Latina desde los años 70 del siglo XX. Ella trajo de vuelta la centralidad de la oración, la espiritualidad, la vivencia de los carismas del Espíritu. Se crearon comunidades de oración, de cultivo de los dones del Espíritu Santo y de asistencia a los pobres y enfermos. Esta renovación ayudó a superar la rigidez de la organización eclesial, la frialdad de las doctrinas y rompió el monopolio de la Palabra, en poder del clero, abriendo espacio a la libre expresión de los creyentes.
Estos cuatro eventos sólo se evalúan bien teológicamente cuando se ponen bajo la óptica del Espíritu Santo. Él irrumpe siempre en la historia y de forma innovadora en la Iglesia, que entonces se hace generadora de esperanza y de alegría de vivir la fe.
Hoy en día vivimos en la, tal vez, mayor crisis de la historia humana. Es su mayor crisis, porque puede ser terminal. En efecto, nos hemos dado los instrumentos de auto-destrucción. Hemos construido una máquina de muerte que puede matarnos a todos y liquidar toda nuestra civilización tan costosamente construida a lo largo de miles y miles de años de trabajo creativo. Y con nosotros podrá morir gran parte de la biodiversidad. Si esta tragedia ocurre, la Tierra continuará su camino, cubierta de cadáveres, devastada y empobrecida, pero sin nosotros.
Por esta razón, decimos que nuestra tecnología de muerte ha abierto una nueva era geológica: el Antropoceno. Es decir, el ser humano se está mostrando como el gran meteorito rasante amenazador de la vida. Él puede preferir autodestruirse a sí mismo y dañar perversamente a la Tierra viva, Gaia, a cambiar su estilo de vida y su relación con la naturaleza y con la Madre Tierra. Como una vez en Palestina los judíos prefirieron Barrabás a Jesús, los enemigos actuales de la vida pueden preferir Herodes a los niños inocentes. Se mostrará en realidad como el Satanás de la Tierra en lugar de ser el ángel guardián de la creación.
En ese momento invocamos, suplicamos y gritamos la oración litúrgica de la fiesta de Pentecostés: Veni, Sancte Spiritus et emite coelitus, Lucis tuae radio: «Ven Espíritu Santo y envía del cielo un rayo de tu luz».
Sin la vuelta del Espíritu, corremos el riesgo de que la crisis deje de ser una oportunidad de acrisolamiento y degenere en una tragedia sin retorno. En las comunidades eclesiales se canta: «Ven Espíritu Santo y renueva la faz de la Tierra».

lO ESPERÁBAMOS ...

ADVIENTO
¡Millones!... millones de años luz para que el universo pariera nuestro planeta TIERRA, y en ella evolucionaran los seres vivos hasta dar origen al ser HUMANO. 



Todavía fue larga la espera... los profetas anunciaban al Mesías. "Vendrá" decían, y he aquí que vino un Niño frágil que no tenía ni apariencia de Mesías. Fue creciendo como toda persona hasta que se nos mostró como HIJO DE DIOS,                                      SALVADOR Y LIBERADOR.

viernes, 14 de junio de 2019

¿Cómo es el Dios de nuestra fe? 

Muchos cristianos se imaginan a Dios como un ser infinito, omnipotente, creador del cielo y de la tierra, que vive solo en el cielo y tiene a sus pies toda la creación. Es un Dios bondadoso, pero solitario. Esta es la fe del Antiguo Testamento, de los judíos, de los musulmanes y comúnmente de los cristianos.

Necesitamos pasar de la soledad del Uno a la comunión de los divinos tres, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Al principio está la comunión entre tres, la riqueza de la diversidad, la unión como expresión de entrega y donación de una persona divina o las otras. Si Dios significa tres personas divinas en eterna comunión entre sí, entonces hemos de concluir que también nosotros, sus hijos e hijas, estamos llamados a la comunión. Somos imagen y semejanza de la Trinidad, somos seres comunitarios. La soledad es el infierno. Nadie es una isla. Estamos rodeados de personas, de cosas y de seres por todas partes. 

La santísima Trinidad, nos invita a mantener relaciones de comunión con todos, dando y recibiendo, construyendo todos juntos una convivencia rica, abierta, que respete las diferencias y beneficie a todas las personas y a todo lo que nos rodea.


La santísima Trinidad es nuestro programa de vida: hacer posible la comunión, participación,y donación en el mundo y espacios donde transcurre nuestra existencia. 

EN EL NOMBRE DEL PADRE,DEL HIJO Y DEL ESPÌRITU SANTO.

jueves, 30 de mayo de 2019

CRISTO ¿SUBIÓ AL CIELO?

CELEBRACIÒN DE LA ASCENSIÒN DEL CRISTO


Recordemos que en Roma era costumbre escribir ascensiones de grandes personajes como por ej. ROMULO fundador de Roma y algunos emperadores. En estas narraciones se elevaba al personaje al Olimpo, para convertirse en otro dios entre los dioses. 
Lucas recurre a este gènero literario para mostrar que a Jesùs le debemos adoraciòn, porque en Èl està el poder, el honor y la gloria, junto a Dios.
El cielo es el Padre; no es un lugar; es estar en Dios. 
Para San Juan la muerte de Jesús significó ya su pasar al Padre (Jn 3, 13) ya que El dijo: «Dejo el mundo y voy al Padre» (16,28). Cuando dice: «Recibid el Espíritu Santo», según la teología de Juan eso significa que Jesús ya está en Dios y envía desde cabe Dios, su Espíritu (Jn 7, 39; 16, 7). Para Pablo la resurrección significaba siempre elevación en poder junto a Dios (Rom 1,3-4; Flp 2, 9-11). Pedro habla también de Jesucristo «que subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios» (1 Pe 3, 22). 1 Tim 3, 16 habla de su exaltación a la gloria.

En todos estos pasajes la ascensión no es un acontecimiento visible para los apóstoles, sino invisible y en conexión inmediata con la resurrección. Esta perspectiva que contemplaba conjuntamente resurrección y ascensión se mantuvo,  hasta el siglo IV, como atestiguan los Padres como Tertuliano, Hipólito, Eusebio, Atanasio, Ambrosio, y otros. San Jerónimo, por ejemplo, predicaba: «el domingo es el día de la resurrección, el día de los cristianos, nuestro día. Por eso se llama el día del Señor, porque en este día Nuestro Señor subió, victorioso, al Padre» (Corpus Christianorum, 78,550).
La presencia de Jesucristo se oculta, los discìpulos se encargaràn de mostrarlo a la
naciones. Es el momento de la misiòn de la Iglesia hasta la Venida (Parusìa) fin de los tiempos.

Adaptaciòn de un tema de Leonardo Boff