sábado, 14 de septiembre de 2013

CONSTRUYENDO HISTORIA

Descubriendo Chile


 A través de la palabra y mirada de dos escritores, saboreo Chile, un mundo creado que se me va revelando a través de Alonso y Gabriela.
Dios,  tu obra se me entrega vigorosa en el alma creativa del arte literario. 

Con una diferencia de más de 400 años dos poetas nos hablan de Chile.

  • Alonso de Ercilla en su poema épico "La Araucana", elogia al pueblo araucano:
                                        "Chile, fértil provincia señalada
en la región antártica famosa,
de remotas naciones respetada
por fuerte, principal y poderosa.

La gente que produce es tan granada
tan soberbia, gallarda y belicosa
que no ha sido por rey jamás regida,
ni a extranjero dominio sometida". 

Gabriela Mistral en su "Geografía humana de Chile " nos describe en prosa la Pampa Salitrera de Chile: 
"Podría decirse que hay tres órdenes de relieve en Chile: un orden mítico, que correspondería al desierto de la sal, porque mito parece en su absoluto; un orden romántico, en la zona confusa y retorcida de los valles transversales y en la de los archipiélagos del sur. Y al centro, el orden clásico del Valle Central.
0 si se quiere, nuestro territorio sería una jarra, sostenida por dos asas serviciales y absurdas a la vez: la Pampa Salitrera y los archipiélagos australes: el asa que arde y el asa que hiela.
La pampa del salitre
Chile se abre en la Pampa del Salitre. Una de esas guerras entre colindantes, de las que ninguna patria parece haberse librado, guerra corta como las que se dan entre hermanos, nos cedió esta especie de reino de la sal, único en el mundo por su extensión. Una leyenda del Salitre, buena para texto escolar, vale decir, para niños, podría escribirse así:
Cierto lugar del mundo recibió como destino una costra terrestre despojada de toda gracia vegetal y de toda ternura de agua. Esta región es más calva, si cabe, que su cordillera vecina y hace una rara pausa o paréntesis de vacío entre dos zonas fértiles. Su color es de un pardo blanquecino y desabrido, cuando no es una reverberación de sol. Su aire se reseca tanto que rompe la roca o el caliche en cascajos; su tacto es como el de la bestia enferma, una pelambre de jaramagos a medio quemar. Toda ella parece el engendro de un aguafortista calenturiento. Sólo alzando los ojos se encuentra, como alivio de esta penitencia, el cielo azul, enjuto y puro, don de su misma sequedad, y hay en su altura de meseta la calidad tónica que violenta y fuerza el organismo para que dé todo de sí, pero que lo deja a la larga fortificado por la prueba. Nuestro pampero dice, en elogio de su desierto implacable: "Aquí ni los muertos se pudren". Y así es: Sal y aire seco conservan los cuerpos como los sacerdotes del Dios Rah conservaban el de los Faraones. El hombre vivo, con más razón, no toca ni aspira podredura en ese ámbito de pureza tremenda de la Pampa Salitrera. La sal es una especie de genio protector que preserva a su hombre de la decadencia y la degeneración, y esta realidad del Salitre vulgarísimo vale por el más bello mito.

El grumo salino, feo y gris, guarda el secreto o sésamo de la fertilidad, y lo ofrece a las tierras paupérrimas, desnutridas o envejecidas que afligen al planeta. Aquel desierto tendido en una extremidad del mundo, viene a resultar el padre de la mejor cosecha de trigo en el Egipto, o dobla los racimos en las cepas italianas, o rehace el limo anémico de las hortalizas en cualquier granja europea. La pampa salitrera paga con su desgracia, como santo penitente, el logro de los hombres cuya cara no ha visto nunca, y un poeta podría llamarla el Cristo desnudo de la tierra.

En esta Fiestas Patrias te invito a seguir leyendo las dos obras citadas, con corazón agradecido por la Patria que el Creador nos ha regalado y por esos hombres y familias que lo entregaron todo, para hacer surgir nuestro país.



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